En los pocos años que nuestras sociedades llevan disfrutando de la experiencia de Internet, hay algo que ya se ha demostrado en varias ocasiones: la altísima velocidad de los cambios de las costumbres y sistemas en la red hace que cualquier previsión se quede obsoleta en muy pocos años o incluso meses. Estos cambios afectan también a uno de los principales centros de atención –y también de polémica- de la red: la descarga de música.
Si no hace muchos años la batalla de Internet con la industria musical comenzaba con
un programa llamado Napster, que supuso toda una revolución, la guerra contra la piratería hasta hoy ha tenido como una de sus grandes consecuencias un espectacular aumento de la popularidad y conocimiento de los llamados sistemas P2P de intercambio de archivos. Estos sistemas se han concretado en mil variantes, evolucionando y apareciendo nuevos programas P2P cada vez que uno de estos ha sido cerrado tras alguna batalla legal con las sociedades de autores internacionales. En los últimos años
probablemente el más conocido continua siendo el Emule, en todas sus versiones y variantes. Sin embargo, de un año a esta parte, un nuevo fenómeno ha crecido con discreción hasta convertirse en un nuevo gigante de las descargas musicales y de vídeo. Se trata de
páginas webs que albergan enormes cantidades de enlaces a lugares de la red donde pueden descargarse canciones o discos enteros.
Pero, si esas páginas sólo son directorios de enlaces,
¿dónde están almacenados realmente los discos y canciones que pueden descargarse? Estas páginas cuentan con multitud de enlaces externos a los llamados “discos duros virtuales”.
Sitios web como Megaupload, Badongo o Zshare ofrecen espacio gratuito para almacenar y compartir archivos. La gran mayoría de ellos hospedan miles y miles de documentos de todo tipo pero no cuentan con buscadores internos para poder localizarlos. Se supone que lo que almacenan sus usuarios es privado y sólo lo comparten con quienes ellos desean. Por tanto tan sólo el usuario que sube los archivos conoce la ubicación exacta del archivo y muchas veces hasta puede ponerle una contraseña. En estos momentos hay cientos de páginas de todo el mundo dedicadas al hospedaje gratuito de este tipo.
Lo que hacen estos directorios musicales con enlaces externos es organizar y clasificar los archivos que sus propios usuarios pueden subir a esos “discos duros virtuales” para compartir con otros. De esta manera resulta muy sencillo tanto subir discos enteros –incluyendo portadas y créditos- en estos sitios de hospedaje gratuito y posteriormente incluir los enlaces correctos para su descarga supuestamente privada en un directorio público donde esté al alcance de todos los usuarios.
Una de las grandes ventajas de este sistema es
la velocidad. Quienes hasta ahora no podían disfrutar de descargas rápidas en Emule –es muy complejo y extenso explicar los factores que influyen en la velocidad de descarga en programas P2P-, pueden aprovecharse de que las descargas en la mayoría de los servidores de hospedaje gratuito son
mucho más veloces y además no hay esperas ni interrupciones, salvando algunas limitaciones que imponen determinados servidores de hospedaje para incentivar que el usuario se inscriba en una versión de pago de su producto (también obligan generalmente a esperar "x" segundos antes de comenzar la descarga y no todos permiten varias descargas simultáneas desde el mismo ordenador); hasta el punto de que
pueden descargarse discos enteros y completos en tan sólo cinco o diez minutos. Otra de las ventajas resulta una novedad en el terreno de las descargas: sus responsables muestran cierto interés por la
calidad musical, pues muchos de sus archivos no se ofrecen en mp3, sino en formatos que ofrecen una mejor conservación del sonido original.
La gran desventaja, de momento, es que al no haber una única web donde subir todos los archivos y un único buscador o directorio donde incluir sus enlaces,
la cantidad de música y discos que figuran en estos sistemas es mucho más reducida que la de la mayoría de los programas P2P. Aún así actualmente existen catálogos realmente sorprendentes con miles de discos de todos los tiempos. La otra gran desventaja de estos sistemas es que para poder descargar un determinado discos es necesario “perder un buen rato” subiendo los archivos a estos “discos duros virtuales”, no basta con compartir con una red de usuarios la música que uno tiene en el PC como en P2P.
Una prueba del auge de estos sistemas es el
espectacular crecimiento de webs como todoalbums.net. Según el ranking de Alexa, esta web iniciada en 2002, no tuvo un ranking relevante hasta febrero del 2006, cuando de repente en tan sólo unas semanas pasa a situarse por debajo del puesto 10.000 de las más visitadas del mundo. Actualmente ocupa el puesto 1.594. En sus inicios contaba tan sólo con 562 discos ordenados por orden alfabético y sin apenas divisiones por estilos. Actualmente su directorio, perfectamente clasificado, crece semanalmente y cuenta con más de 16.000 discos enteros, casi 6.000 singles, más de 1300 videos musicales y acaba de superar las 2.000 películas o series.
Sin embargo, no es todoalbums.net la única web de este estilo que gana popularidad a un ritmo increíble. También
sucede lo mismo con 4shared.com, cuya dimensión internacional (web en inglés) es mucho mayor. Se trata de un lugar donde subir y compartir archivos cuya principal novedad es que cuenta con un buscador interno, por lo que no resulta difícil que cualquier usuario se pueda bajar los archivos que otros hayan subido. Siguiendo con las indicaciones de Alexa, 4shared comenzó a tener relevancia en el ranking mundial a mediados de 2005 cuando se situó entre las 100.000 webs más populares del mundo. Actualmente ocupa el puesto 187 en dicho ranking de tráfico.
Legalmente estos sistemas presentan los mismos problemas que cualquiera de los de los años anteriores, con un pequeño aliciente que deberán resolver –y ya lo han hecho- los profesionales del derecho. Y es que los autores de estas webs en realidad se limitan a recoger una serie de enlaces para facilitar la descarga ilegal, pero no son necesariamente quienes suben los archivos, ni quienes los almacenan y distribuyen. Lo de siempre. No obstante, algo similar se pensaba sobre las webs con miles de enlaces para Edonkey o Emule y finalmente hemos podido comprobar como la policía ha intervenido muchos de estos portales. De hecho en las últimas semanas han sido cerradas varias de estas páginas-directorio de enlaces a archivos de Emule en lo que podría ser una nueva operación contra las descargas ilegales.
La buena noticia para la industria sin embargo llega de la mano de
las descargas legales. Las discográficas están aprovechando el aumento de popularidad de los sitios de descargas legales de música y han comenzado una campaña para airear y publicitar a los artistas de su catálogo que hayan destacado por altos números de ventas de música digital descargada legalmente desde Internet. Prueba de esa nueva publicidad que se está dando a las descargas legales es la noticia conocida recientemente de que Promusicae, hará público desde ahora el listado –además de las habituales listas de ventas convencionales en España- con las 20 canciones más descargadas legalmente de Internet y los 20 tonos originales más descargados entre los usuarios de móvil. Estos datos se conocerán semanalmente. Webs y sistemas como download.com, Itunes o mobilisten.com son responsables del aumento constante de descargas legales en Internet, tanto para telefonía móvil como para pc.
Aunque quizá el dato más llamativo de esto es que aumenta la creencia, entre los cargos de la industria de la música, de que
la mejor forma de combatir la piratería es ofreciendo alternativas en positivo y no con la represión legal. La buena marcha de los sitios que ofrecen descargas legales y la aparente ineficacia de las campañas represivas –a veces se abren cinco portales nuevos en el entorno de las “descargas piratas” cuando se cierra uno de ellos- está propiciando este cambio de actitud que sitúa la guerra entre “la industria y los piratas” en un escenario completamente nuevo y enigmático.
Todos estos cambios y nuevas tendencias suceden al tiempo que en España la lucha legal se ha llevado al terreno del exceso con la próxima imposición de
un nuevo canon -que actualmente defiende el Gobierno socialista- que presupone un futuro delictivo y pirata a quien compra cualquier soporte –dentro de poco, desde el folio hasta el pc, pasando por el cd- de grabación o escritura mecánica o manual. Canon que, si logra salir adelante a pesar de las completas campañas de las asociaciones de usuarios de Internet, justificará para muchos usuarios la existencia de lugares donde puedan descargarse archivos para realizar lo equivalente a las copias privadas, razón de ser del citado canon.
La piratería en Internet aumenta mientras la calle ha tomado conciencia de la cruda realidad que ocupan otras formas como el top manta, cosa que está provocando su lento declive. Mientras tanto, hasta para los usuarios más liberales de la red
resulta difícil justificar que horas después de que un disco salga a la venta pueda ya descargarse íntegramente en cinco minutos y apenas dos o tres clics desde webs como las citadas. En caso de que no venga con sus imágenes y carátulas, webs como caralandia o coveralia facilitarán el trabajo. Una injusticia de la que, por ejemplo, muchos grupos españoles ya nunca podrán reponerse quedando condenados al olvido. La industria musical continúa caminando muy lejos de actualizar sus métodos a los nuevos tiempos y todavía más lejos de utilizar Internet como un vehículo que sólo sume en su tarea y no ofrezca también una cara negativa. Entre las últimas “modernizaciones” de la industria de la música se encuentra el haber aceptado a Youtube como un excelente canal de promoción de artistas, en lugar de verlo como un simple lugar donde “los piratas” intercambian archivos visuales con “derechos de autor”. Hoy en día desde los pequeños sellos hasta las grandes multinacionales suben a servidores de videos como Youtube los últimos videoclips de sus artistas.
Una última cuestión, para reflejar una preocupación cada vez mayor en el seno de las propias discográficas. Se trata de la
proliferación del mercadeo pirata digital entre profesionales de la industria o del periodismo musical, que cada vez más se convierten en protagonistas de las descargas musicales de discos que acaban de salir a la luz. Que un disco pueda descargarse ilegalmente en Internet días antes de salir a la venta en la calle sólo puede tener detrás a personas cercanas a la edición de ese disco, periodistas en muy reducidos casos y sobre todo trabajadores de la propia discográfica o bien personal de la cadena productiva del mismo. La confirmación de esto, que hasta hace poco sólo era una sospecha, la puede hacer hoy
El Confidencial Musical tras haber llevado a cabo un exhaustivo estudio de los discos que pueden descargarse a través de varias de estas webs de descargas directas. Entre los discos que acaban de salir a la venta y ya pueden descargarse en estos lugares, algunos cuentan con versiones de canciones que no llegaron a incluirse finalmente en el cd original y, sobre todo, en muchas de las carátulas puede confirmarse que se trata de un álbum promocional, por la leyenda “Disco promocional / Prohibida su venta”. Sin duda es éste un nuevo motivo de preocupación dentro de los propios sellos discográficos.
La clave, el final de todo, será la adaptación de la industria a los nuevos tiempos. Aunque
no faltan quienes avecinan un futuro negro para la música –con la desaparición de la gran mayoría de los artistas y discográficas- ni tampoco quienes creen que lo próximo será un mercado musical más libre, alejado de las convenciones y canales comerciales que encorsetan actualmente la labor del artista. Mientras el futuro llega, surge ahora una vieja incógnita moral, que se ve agudizada ahora con la optimización de los sistemas de intercambios de archivos: ¿es lícito que un usuario de Internet pueda descargarse gratuitamente -desde webs como las citadas anteriormente- hasta quince o veinte discos en aproximadamente una hora? ¿Es lícito que ese mismo usuario pueda hacerse con un catálogo de miles de discos en muy pocos días? ¿Es lícito que las sociedades de autores ganen definitivamente la batalla del canon convirtiendo a todos en potenciales piratas que deben pagar su delito “por si acaso”?
Si lo deseas puedes participar en el debate especial de ECM:
¿cuál crees que será el futuro de la piratería musical? ¿Debe desaparecer?