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Casting de secretarias
Itxu Díaz.    19/10/2009



Las aventuras "confidenciales" de José Mateos*, ex estrella del rock.
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El caos me come. Me asalta en cada esquina. Papeles y papeles por toda la oficina. He descubierto que el robo de este verano, del que les hablaba hace días, fue consecuencia de que olvidé pagar los últimos recibos de todas las empresas de seguridad desde el mes de mayo del año pasado. Es lógico que las alarmas no hayan saltado. Lo extraño es que no hayan venido los propietarios de esas empresas a desvalijarme y cobrarse su deuda.

Como me han robado el ordenador no sé exactamente lo que he perdido. Desconozco lo que había en su interior. No sé si alguien sabe de memoria todo lo que guarda en su ordenador, pero la única razón sólida para comprarse un aparato así es precisamente que te evita tener que memorizar todo los papeles que tienes. Por eso se llama “ordenador” y no “sudoku”.

El desorden es tal, que he asumido que necesito una secretaria. Alguien que pueda hacer el papel que Rodolfo no hace, ni piensa hacer nunca, aunque me cobre una pasta por no hacerlo. ¿Y cómo encontrar secretaria? Lo único que se me ha ocurrido es organizar un casting. Supongo que planteado en términos de película encajará mejor con esta casa de locos que si les presento todo esto como una selección de personal al uso. Al menos ya saben a lo que vienen y no se asustarán al ver a Rodolfo, que de ser actor sería el mejor de la historia del cine. Del cine de terror, claro. Y aquí estoy, en pleno casting, esperando a que entre la primera candidata. Pero no ha entrado. Ha entrado Rodolfo.

- ¡Tengo el secretario perfecto para ti!
- Quiero una secretaria. Con a. Con a de Andalucía. De albatros. De alacena. De animal…
- Sobrino…
- Ni hablar. No quiero escucharte. Estoy haciendo un casting. Todas esas chicas de la puerta son candidatas que han venido a verme, así que vete de aquí.
- ¿Casting? –ha preguntado soltando una carcajada falsísima- ¿Has convocado un casting para contratar secretaria? ¿Qué te crees ahora? ¿Spilberg?
- Largo, Rodolfo.
- No entiendo por qué te pones así.
- Puerta, Rodolfo.
- ¿Por qué no dejas que te presente mi candidato?
- A la cale, Rodolfo.
- Tú verás…

He apuntado a su cabeza con el cenicero de mármol pero no lo he llegado a tirar. Recuerdo muy malas experiencias lanzándole objetos a ese mismo Rodolfo ubicado frente a esa misma puerta. Siempre se agacha, la puerta se abre y el cenicero le rompe la crisma a algún alma inocente. Y hoy no querría romperle la cara a mi posible futura secretaria antes de entrar al casting. Sería un pésimo comienzo. Afortunadamente, con el ademán, como Rodolfo me conoce y sabe que si amago, tiro, se ha acoquinado y ha salido corriendo del despacho.

Ha entrado la primera candidata.

- Me llamo Marta. – ha dicho con hilo de voz imperceptible.
- ¿Te llamas?
- Marta –ha insistido más bajo.
- Disculpa no te oigo.
- Ya… no me gusta gritar – ha susurrado para sí.
- ¿Cuál es tu artista o grupo de música preferido? –golpe bajo, nada más llegar.
- Britney Spears… - ha dicho sonriente, confiada. Con el entusiasmo ha olvidado los susurros. Menos mal.
- ¿Marta? ¿Eras Marta?
- Sí, eso, Marta. – ha dicho sonriente y segura de su éxito.
- Pues gracias por todo Marta –he zanjado-. ¡Siguiente!

Marta ha salido como entró. Impávida y sonriente. Susurrando de nuevo. Creo que ni se ha enterado de que la hemos rechazado. O quizá viene de cualquiera “reality” televisivo donde humillan a las personas sistemáticamente, y llega aquí entrenada para mostrarse como un espejo frío e insípido para el mundo.

Ha entrado Rocío. Y ha salido Rocío. Por mucho que sea el último grito en moda, resulta inadmisible venir a un casting con una camiseta que alude ofensivamente a la madre del interlocutor.

***

Después de veinte candidatas tengo la cabeza como un bombo. Hay unas que obviamente se han confundido de negocio, otras que venían simplemente a pedirme un autógrafo y suplicar que volviésemos a juntar el grupo –¿pulpos en mi garaje?-, otras que creen que la secretaría de mi despacho es algo tan poderoso como la secretaría general de algún partido político, y por último, unas cuantas que me han dejado sabor agridulce. Ni fú, ni fa. Si son educadas, tienen mala presencia. Si son educadas y tienen buena presencia, padecen de los nervios. Si son educadas, tienen buena presencia, y saben mantener la calma –el único con derecho a perderla aquí soy yo-, no muestran las condiciones adecuadas para garantizar el orden que necesito aquí.

Andaba meditando todo esto cuando ha irrumpido Jazmín en el despacho. La última candidata. Con la belleza mediterránea y el porte más elegante. Se ha parado el tiempo mientras recorre el camino de la puerta a la silla. Morena, sonriente, apacible. Con la palabra precisa y la mirada serena. En la conversación, breve, me ha cautivado. Joven, dulce, ordenada, trabajadora, eficaz y con un envidiable currículum con el que yo jamás podría competir. Y muchas, muchas ganas de trabajar. Agua de mayo para mi oficina.

- Jazmín, estás contratada.
- Gracias, ¿cuándo empiezo a trabajar?
- Mañana mismo. 9 de la mañana.
- De acuerdo. ¡Estupendo! – y me ha sonreído de sol a sol.

Me preocupa lo mucho que me entusiasma su forma de ser, de estar. Su misteriosa belleza. Sus ojos marrones, oscuros, que se vuelven negros cuando le brilla la sonrisa. Casi siempre. Me asusta haberme dejado engatusar sólo por su imagen, pero lo cierto es que el fondo es exactamente lo que andaba buscando.

Embobado, he olvidado hacerle la prueba de fuego. La he detenido en la puerta...

- Jazmín, disculpa, una última cosa… ¿cuál es tu disco preferido?
- Los Blues Brothers. – ha respondido sin dudarlo y me ha dejado seco.
- Jazmín…
- Dime.
- Estás súper contratada –he sugerido mostrando yo más entusiasmo que ella-. Mañana te veo.
- ¡Gracias! Hasta mañana. – y me ha vuelto a sonreír, desde sus ojos enormes y alegres. Sincera y sencilla. Ojalá las apariencias no engañen.

Creo que mañana llegaré puntual a la consulta. Por primera vez, estaré a las nueve.

Itxu Díaz es director de El Confidencial Musical.

* José Mateos es un personaje de ficción creado por Itxu Díaz para la novela cómica “Ganador Perdido. Aventuras de una ex estrella del rock”. Argumento: “El cantante de éxito del momento acaba de decidir abandonar la música, la fama y la gran ciudad para dedicarse a la sosegada vida del campo. Es millonario, famoso, joven, audaz, engreído, elitista y… retirado. En Ganador Perdido, tras un incidente casual, un grupo de periodistas trata de implicarlo en los delitos de una banda de asesinos, por lo que su imagen, ahora muy deteriorada, volverá a llenar periódicos y revistas. Una alocada y divertida trama de la que intentará salir para regresar a su pacífico retiro”. >

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